Asesor externo, ¿porqué contratarle?

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Muchas empresas son reticentes en contratar a asesores externos, la mayor parte del tiempo con el prejuicio habitual de que les aportará poco y les costará dinero. Muchas veces, se limitan a subcontratar las tareas que no tienen más remedio que subcontratar, como por ejemplo un abogado para representarles en un juicio. Pero para otros servicios no se lo plantean.

Sin embargo, confiar en un asesor externo tiene muchas ventajas:

1- Un coste determinado y temporal

Contratar a un asesor para una misión es un coste puntual. No esta en nómina, se contrata para un tiempo determinado por un importe establecido y cuando el trabajo se acaba el coste desaparece.

2- Visión externa, imparcial y comparativa

El asesor externo tiene por definición una visión externa. Al no estar involucrado en la marcha cotidiana de la empresa, no le influyen la historia o las relaciones (buenas o malas) entre individuos o departamentos. Un buen asesor sabe que no le puede enseñar a su cliente como gestionar su negocio, pero sí le puede aportar un enfoque distinto e imparcial. Además, al haber trabajado en varias empresas de un mismo sector, dispone de una visión comparativa y puede aportar las mejores ideas (benchmarking).

3- Especialista con metodología

El asesor es especialista en sus servicios, y por lo tanto ha adquirido una pericia y una metodología que permiten ganar mucho tiempo a sus clientes.

4- Tiempo para dedicarse a una misión

No hay duda que muchos estudios e informes que hace un asesor externo podrían haber sido elaborados por una persona de la empresa. Pero aparte de la metodología antes mencionada, en las estructuras normalmente no se dispone de una persona que tenga el tiempo de dedicarse seriamente a este estudio. Muchos profesionales saben perfectamente que si su trabajo diario les diera un poco más de tiempo, harían tal análisis sobre los fallos del sistema informático, o un análisis exhaustivo de los costes, o una campaña de marketing. Pero nunca hay tiempo, las urgencias del día a día no lo permiten, y se acaba perdiendo la oportunidad de ganar más productividad con un sistema informático más adecuado, más dinero con unos costes más optimizado, o más ventas con una imagen y una notoriedad ampliada.

Obviamente, el asesor no lo hace todo solo, y tendrá que apoyarse en algunas personas de la empresa. Pero esas personas dedicarán un tiempo muy pequeño a la misión, y estarán dentro de un marco de proyecto muy definido.

Después de ver estas ventajas, muchas empresas deciden contratar a un asesor. Para evitar malas sorpresas, lo mejor es definir desde el principio tres cosas:

1- El objetivo de la misión:

Parece obvio, pero se ahorra mucho tiempo y dinero teniendo claro desde el principio lo que se quiere hacer, como y con que alcance.

2- La duración:

Como me decía un antiguo director financiero mío cuando empecé: cuando contrates a unos asesores, lo primero que tienes que hacer es fijar la fecha en la que se irán, porque sino no se van nunca. Lo decía con humor, pero tiene un fondo de verdad. Con un objetivo claramente definido el tiempo de la misión se define facilmente.

3- El presupuesto:

La empresa tiene que saber desde el principio cuanto le costará la misión. ¡Ojo! Que tampoco se puede fijar el importe de una forma demasiada estricta. Tener el objetivo y el tiempo ya definido permiten calcular un presupuesto de referencia, pero pueden haber variaciones. Es parecido a lo que ocurre con una reparación de un coche: se sabe cuanto cuesta, pero pueden surgir sorpresas (otra pieza averiada que no se podía ver sin desmontar la primera, por ejemplo). Un asesor puede encontrarse con que le falta información importante o que tiene que trabajar con información en papel cuando lo normal es que este disponible en soporte informático. En ambos casos (reparación de coche y asesoría de empresa) lo importante es avisar, explicar y pedir el consentimiento al cliente antes de actuar, si no se procede así, se corre el riesgo de que el cliente se sienta engañado, aunque no sea el caso.

Resumiendo, definiendo correctamente el objetivo y el presupuesto desde el principio, un asesor es una oportunidad inmejorable y poco costosa para una empresa de ganar productividad.

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